Capítulo 1 : El contexto general de los abusos sexuales en el seno de la sociedad

Índice

1. El contexto general de los abusos sexuales en el seno de la sociedad

1.1 Una perspectiva histórica    

1.1.1 Antigüedad            

1.1.2 Medievo 

1.1.3 Antiguo Régimen 

1.1.4 Época contemporánea     

1.1.5 El contexto sociocultural de la postmodernidad   

1.2 La preocupación de los estados y los poderes públicos por la protección de los menores      

1.3 La situación de los abusos en la sociedad española en la actualidad 

1.3.1 El informe del Ministerio del Interior sobre los delitos contra la libertad sexual en menores (2017-2020).  

1.3.2 Las memorias del Ministerio Fiscal (2011-2021)     

1.3.3 Informe de la Fundación ANAR sobre abuso sexual en la infancia y la adolescencia según los afectados y su evolución en España (2008-2019)            

1.3.4 Los abusos sexuales hacia la infancia en España sobre sentencias de casos de 2019 y 2020. Save the Children.               

1.3.5 Informe del Profesor López Sánchez          

1.3.6 Informe del Grupo de Investigación en Victimización Infantil – Adolescente de la Universidad de Barcelona               

1.3.7 Informe de la Profesora Varona Martínez

1.4 Conclusiones 


1. El contexto general de los abusos sexuales en el seno de la sociedad

Es público y notorio el hecho de que el abuso sexual de menores en la sociedad no es un problema nuevo, ni es un problema específico de la Iglesia. Antes, al contrario, hunde sus raíces en la antigüedad y afecta a la sociedad entera.

Baste con recordar la pederastia que practicaban los helenos, vista inexplicablemente desde la modernidad como un ejercicio libre de la sexualidad, cuando realmente era un ultraje a la dignidad humana de la persona de los menores[1].

Ese ultraje a la dignidad de los menores no permaneció en la antigüedad como un residuo pretérito o insólito, sino que tuvo continuidad a lo largo de los siglos, hasta el punto que, fue ya en el siglo XX -y avanzado el siglo XX- cuando la sociedad y las instituciones comenzaron a tomar conciencia de la necesidad de dispensar una protección adecuada a la infancia y los menores.

Por lo demás, no cabe tampoco desconocer que las normas que avanzados ya el tiempo y la historia fueron adoptándose por los Estados para reprimir tales prácticas se preocuparon siempre más de perseguir y sancionar a los victimarios que de dispensar a las víctimas la debida asistencia y protección.

Hoy, en el estado actual de la humanidad, el abuso de menores constituye un síntoma grave de una crisis que no solo afecta a la Iglesia, sino a la sociedad entera. Se trata de una crisis profundamente arraigada de moralidad sexual, incluso de relaciones humanas, y sus principales víctimas son las familias y los niños y jóvenes.

En este contexto, es de justicia reconocer, como se expondrá más adelante, que la historia de la Iglesia nos ofrece un testimonio de preocupación por afrontar el problema de la pederastia desde los primeros tiempos de la Iglesia primitiva que se remontan incluso al siglo II.

Y, desde nuestra perspectiva patria, no hay que olvidar, como recuerda SAEZ MARTÍNEZ, que, bajo la expresión pecado nefando, la Iglesia y la Corona en España persiguieron durante casi cuatro siglos las relaciones contra natura, incluyendo las conductas ilícitas contra los menores[2].

Así, pues, abordar el examen de la cuestión tocante a los abusos sexuales de menores producidos en el seno de la Iglesia con el rigor intelectual y la asepsia exigibles, requiere, en primer término, reconocer que no es un problema nuevo, pero además demanda el ejercicio de situar el problema suscitado en el contexto general de los abusos sexuales en el seno de la sociedad, y ello, tanto desde una perspectiva histórica, como desde la realidad social y cultural de nuestro tiempo.

1.1 Una perspectiva histórica

Los menores no han sido siempre objeto de protección, al contrario, se puede concluir que a lo largo de la historia los menores han sido víctimas de todo tipo de abusos y vejaciones, incluido los abusos sexuales.

DE MAUSE, conocido por sus aportaciones en el campo de la psicohistoria, afirmaba a principio de la década de los setenta del pasado siglo que: “la historia de la infancia es una pesadilla de la que hemos empezado a despertar hace muy poco. Cuanto más se retrocede en el pasado, más bajo es el nivel de la puericultura y más expuestos están los niños a la muerte violenta, al abandono, los golpes, al temor y a los abusos sexuales”[3].

Hasta el punto es así que, en no pocas culturas -occidentales y orientales-, se sostenía que mediante la sodomía generalizada el menor sodomizado adquiría la fuerza del adulto[4].  Así, una perspectiva de la historia de la humanidad ofrece pruebas suficientes de que los abusos sexuales a los menores eran más frecuentes en otros siglos, que en la actualidad[5]; lo cual no puede ni debe ser desconocido.

1.1.1 Antigüedad

En la antigua Grecia, los menores padecían todo tipo de abusos sexuales. Resulta bien expresivo, a este respecto, el testimonio de ESTRATÓN, filósofo peripatético y sucesor de Teofrasto en la dirección del Liceo, academia fundada por Aristóteles. Decía así: “Disfruto las flores de uno de doce; si son trece los años, más fuerte deseo siento; el que tiene catorce destila de amor más fuertes, más gusto en el que está en el tercer lustro”[6].

Es conocido que los jóvenes entre doce y dieciséis años eran iniciados por adultos (erastes) en una relación homosexual regulada por leyes y rituales como parte de su formación humana, en la que ellos eran sujetos pasivos (eromenos). Posteriormente, ellos pasaban a ser iniciadores de otros jóvenes dentro de unas leyes estrictas y respetando las costumbres de la época[7].

Por otra parte, en la sociedad griega, la mujer estaba prácticamente recluida, y esto justificaría que los soldados en campaña militar no tuviesen prostitutas, sino que realizaran actos sexuales con sus compañeros, evitando así el contagio de enfermedades, y una mejor actitud en la batalla porque luchaban junto a su erastes o eromenos.

Por lo demás, la formación de un menor desde los doce años incluía la iniciación sexual como método para conocer la belleza del cuerpo humano, y por ello los jóvenes eran iniciados en esta relación que CANTARELLA define en su estudio como la cultura de la bisexualidad[8]. Sin embargo, mantener relaciones homosexuales constituía delito si el eromeno tenía menos de doce años, o si el eromeno no prestaba su consentimiento, por eso se consideraba una infamia mantener relaciones pederásticas con jóvenes de menores de doce años (pre-púberes), o forzar a un menor a mantener la relación homosexual.

La pederastia griega, contemplada aun hoy por alguno como el ejercicio libre de la sexualidad[9], no era sino la vejación del menor, como señala CANTARELLA, “puesto que el varón griego sufría dos iniciaciones de signo sexual de signo opuesto, la primera de las cuales le enseñaba a aprender y asumir un papel que la segunda, a pocos años de distancia, le obligaba a olvidar. Si bien es presumible que el paso de papel amante de un país al de amante de una mujer y viceversa no plantease especialmente problemas, también es verdad que la necesidad de pasar del papel de objeto deseado al de sujeto deseante debía causar al menos en parte de la población masculina, no sólo ansiedad, sino problemas nada desdeñables, tanto psicológicos como sexuales”[10].

Por su parte, los hijos pequeños de los esclavos griegos eran objeto de abusos sexuales, pues, al pertenecer al amo, estaban a disposición de él. Existía, además, el peligro de que los niños griegos fueran violados en las escuelas griegas. Así lo advierte ESQUINES, rival de Demóstenes en el ágora ateniense, en su célebre Discurso contra Timarco[11]. Dice así: “Considérese el caso de los maestros…el legislador desconfía de ellos…Prohíbe al maestro que abra la escuela, o al profesor de gimnasia el gimnasio, antes de la salida del sol, y les obliga a cerrar ambos antes de la puesta, pues mucho recela de que se queden a solas con un muchacho o en la oscuridad con él”.

Por su parte, en Roma los niños eran objeto de abusos sexuales, principalmente el coito anal[12], y se producía este abuso con niños tanto castrados como sin castrar. El derecho penal romano castigaba estas conductas a través de la figura jurídica del estupro. Según MODESTINO: “Se comete estupro en viuda, en doncella, o en un joven”[13].

Será en la época de transición de la República al Imperio cuando las relaciones sexuales entre adultos y efebos comiencen a verse con cierta prevención por causa de los abusos que se producían en aplicación de la institución del mancipium[14]. Uno de estos abusos consistía en convertir a jóvenes en auténticos objetos sexuales de sus nuevos amos. De ahí que la legislación ya desde las postrimerías de la República comenzara a situar la pederastia dentro de las conductas inmorales, con leyes como la Lex Scantina que, elaborada al final de la República, comenzara a sancionar las relaciones entre pederastas y menores de diecisiete años, y a los homosexuales pasivos que no eran dignos de ser cives.

Durante el Imperio se promulgaron leyes y constituciones que intentaron evitar las conductas inmorales entre iguales, como la Lex Iulia de Adulteriis Coercendises (18 a.C.), Lex Cornelia de Sicariis et Veneficiis (81 a.C.) y Lex Iulia de Maritandis Ordinibus (18 d.C.), pero excluyendo de su ámbito de aplicación a los esclavos, quedando así éstos desamparados, con las consecuencias que señala FERNÁNDEZ URBIÑA: “la explotación sexual que sufrían centenares de niños y niñas abandonadas por sus padres al poco de nacer. Convertidos en esclavos, muchos caían en manos de codiciosos proxenetas y alimentaban en todo el Imperio un sórdido y boyante mercado de prostitución infantil. La literatura cristiana abunda en referencias a este tráfico sexual de menores y lo condena sin paliativos, lo que ciertamente es una de las aportaciones morales más encomiables del cristianismo primitivo”[15].

Será con la legalización del cristianismo y su posterior conversión en religión oficial del Imperio, cuando se produzcan cambios significativos en el ordenamiento jurídico romano que llevaron a castigar los abusos sexuales a menores. Así, en el año 342 los emperadores Constancio y Constante promulgaron una ley que por primera vez imponía la pena de muerte para el homosexual pasivo[16].

Posteriormente, las Instituciones de Justiniano hicieron extensiva la sanción a todos los que incurriesen en pederastia, tanto activa como pasivamente, como se infiere del siguiente texto de PAULO, que dice así: “el que persuadiera a un muchacho para el estupro, apartando o sobornando antes al acompañante que lo guardaba, o hiciera proposiciones deshonestas a una mujer o una joven, o hiciera algo con fines impúdicos, o diera regalos o remunerara para persuadir a tales personas, sufre la pena capital si consuma el crimen, y la deportación si no llega a consumarlo; los acompañantes que se dejan corromper sufren la última pena”[17].

En el Imperio Bizantino (324-1453) los abusos sexuales a niños eran moneda común, lo que llevó a Constantino el Grande a imponer severas penas de privación de libertad, y a los sucesivos emperadores de Bizancio a decretar la pena de muerte para quienes cometieran abuso sexual a la persona de un niño[18].

Otra forma de abuso sexual que sufrían los menores en la antigüedad era el incesto, esto el abuso sexual cometido hacia un menor con el que existía una relación de parentesco.

Tanto en el derecho griego como en el romano existían prohibiciones de contraer matrimonio entre parientes. PLATÓN en Las Leyes calificaba a los que practicaban el incesto como “impíos, odiosos a la divinidad e infames entre los infames”[19]; y en Roma la ley estableció impedimentos matrimoniales hasta el tercer grado de parentesco por consanguinidad.

Por su parte, la cultura judía estableció en el Levítico la prohibición del incesto[20].

1.1.2 Medievo

En el medievo los abusos sexuales a menores (sodomía) fueron considerados pecado y, al amparo de la doctrina escolástica, pecado nefando, de tal suerte que se trataba de una conducta o comportamiento proscrito por la Iglesia y, al propio tiempo, castigado por el poder civil como delito de sodomía.

Siendo ello así, como apunta DEMAUSE, era frecuente que los niños sufrieran la sodomía en la Edad Media.

En la España visigótica los sodomitas (pederastas), victimarios y víctimas, eran castigados con la mutilación mediante la castración, como estipulaba el Liber Iudiciorum o Lex Gothica, luego Fuero Juzgo[21].

El Fuero Real añade a la mutilación por pederastia, la pena de muerte[22].

En Las Partidas[23], la sodomía se castigaba también con la muerte, pero sin aplicar tormento previo. Y, en todo caso, si los que padecían el abuso eran menores de catorce años en el momento en que tuvieron lugar los hechos o podían demostrar haber sido forzados, quedaban exonerados de cualquier responsabilidad, aunque se les obligaba a presenciar la ejecución[24]. Tal rigor en el castigo de la sodomía derivaba del hecho de ser considerado un pecado contra natura; en palabras del historiador del Derecho TOMAS Y VALIENTE, “la sodomía es el pecado por antonomasia y, al parecer ninguno como él altera el orden natural de la creación, puesto que atenta directamente contra la imagen de Dios”[25].

1.1.3 Antiguo Régimen

En la sociedad del Antiguo Régimen se añade a la sodomía como abuso sexual a un menor los llamados abusos deshonestos, consistentes en todo tipo de tocamientos o actos físicos sexuales sin penetración[26]. Este delito iba unido muchas veces, y cuesta por ello diferenciarlo del estupro, en el caso de que las abusadas fueran niñas. Así, hasta la promulgación del primer Código Penal en 1848 no será posible deslindar con la suficiente nitidez las conductas y los comportamientos constitutivos de abuso sexual.

Según Philippe ARIÉS, historiador de la infancia, los abusos deshonestos eran frecuentes durante el período del Antiguo Régimen, y eran cometidos primordialmente en el entorno de las familias, siendo las víctimas personas de clase humilde. Además, según expresa el referido autor, los niños vivían en aquella época en un ambiente de excesiva familiaridad sexual, pues dormían con los padres en casas muy pequeñas, compartían habitación y eran con víctimas de abusos sexuales[27], con frecuencia silenciados sin más, y en ocasiones mediando acuerdos pecuniarios entre las familias de la víctima y los acusados[28].

En cuanto a la sodomía, las penas de muerte previstas en la legislación medieval se seguirían aplicando generalmente hasta finales del siglo XVII en España[29], aunque en ocasiones se concluían acuerdos prescindiendo por completo del sufrimiento de las víctimas como señala ORTEGA LÓPEZ al estudiar el fenómeno de los abusos sexuales en la sociedad del Antiguo Régimen[30]. No obstante, la creación de instituciones benéficas para niños expósitos redujo en España los casos de abusos sexual de estos niños que estaban en situación de completa indefensión ante los pedófilos[31].

1.1.4 Época contemporánea

En el período decimonónico, los abusos sexuales de menores continuaron siendo una práctica frecuente, tanto dentro de la familia como fuera de ella, y además en gran medida impune, debido a que el contexto social y cultural del momento no favorecía las denuncias de tales comportamientos, ni menos aún su debido castigo.

El fenómeno de la industrialización no favoreció un cambio. Antes, al contrario, agravó la situación, pues la explotación laboral de los menores les hizo más vulnerables a ser víctimas de abusos sexuales, incluso a terminar prostituyéndose por causa de la penuria económica que padecían[32].

Ya en los umbrales del siglo XX, la sociedad de la época asistió al alumbramiento de ciertas iniciativas, unas veces públicas y otras promovidas desde la sociedad civil, orientadas a la protección de la infancia frente a la penuria y los malos tratos y también frente a la mendicidad y la delincuencia, aunque de manera aún muy parcial en su concepción, y notoriamente insuficiente en cuanto a sus resultados.

Será ya avanzado el siglo XX cuando se obre un cambio de paradigma que lleve a la sociedad internacional, aunque tardíamente, a tomar conciencia de la importancia de dispensar una protección integral a la infancia, y a los Estados a adoptar medidas y normas en tal sentido.

1.1.5 El contexto sociocultural de la postmodernidad

El iter histórico someramente descrito pone de manifiesto que los menores (niños y jóvenes), no solo no han sido objeto de la debida protección a lo largo de la historia de la humanidad, sino que han sido víctimas de todo tipo de abusos, maltratos y vejaciones, incluido los abusos sexuales.

No es casual, por ello, que DE MAUSE proclamara, como ya se citó, que “la historia de la infancia es una pesadilla de la que hemos empezado a despertar hace muy poco”[33]. Más inexplicable aún resulta que la pederastia que se practicaba en la sociedad antigua y que ha tenido continuidad a lo largo de los siglos, pueda haberse visto inexplicablemente desde la postmodernidad como un ejercicio libre de la sexualidad. Así lo puso abiertamente de manifiesto la investigadora norteamericana MARY EBERSTADT[34], que publicó en el mes de diciembre del año 2009 un artículo en la revista First Things, titulado “How pedophilia lost its cool”[35], en el que refiere que, al igual que en Francia, una parte de la intelectualidad norteamericana justificaba también la pederastia, a condición de que fuera practicada con menores varones, y no con mujeres.

Se trataba el ahora referido de un artículo publicado a propósito del eco mediático generado por la detención en el aeropuerto de Zúrich (Suiza) dos meses antes y la posterior petición de extradición por parte de los Estados Unidos de América del cineasta Roman Polanski, acusado de pederastia[36], en el que MARY EBERSTADT, haciéndose eco de publicaciones científicas americanas de los años 90 e incluso anteriores, muestra cómo entre los años 1970 a 1990, en ciertos ámbitos culturales, no sólo no se escandalizaban ante los abusos a menores, sino que, en algunos supuestos, los favorecía y aprobaba.

Decía así: “No fue hace mucho tiempo que algunas personas ilustradas adoptaron una visión considerablemente más relajada de la cuestión del sexo con los menores (youngsters), y no temían decirlo. Desde la década de 1970 hasta la década de 1990, se lanzaron varios globos sonda que casi nadie en Estados Unidos se atrevería a lanzar ahora. Algunas personas, incluidos novelistas célebres, preguntaron directamente si el sexo con menores de edad valdría una o dos / alegrías (might be worth a cheer or two). Otras voces sofisticadas se preguntaban en voz alta si el “sexo intergeneracional” era realmente tan malo como se decía, al menos en lo que respecta a los chicos (boys). Otros afirmaron lo que podría llamarse “anti-pedofilia”. Esta fue la noción frecuentemente expresada de que el abuso sexual de niños, aunque malo, había dado lugar a algo que también estaba mal: una especie de histeria nacional”. A su vez, demostraba cómo, a decir de mucha gente, “la moralidad tanto de la pedofilia (atracción sexual hacia los niños) como de la efebofilia (atracción sexual hacia los adolescentes) estaba progresando de manera lenta pero constante en ambientes sofisticados de la sociedad”. Pero no solamente entre personas sencillas y sin mayores conocimientos, sino también en ámbitos académicos e intelectuales de primer nivel.

A este respecto, se refiere la autora a un estudio elaborado en 1998 por tres investigadores RIND, TROMOVITCH y BAUSERMAN bajo el patrocinio de la American Psychological Association[37]; en el que mostraron su desacuerdo con “la creencia común de que el abuso sexual infantil causa un daño intenso, sin importar el género”, criticando el uso de términos convencionales como víctima y victimario y perpetrador, y recomendando que “un encuentro voluntario con reacciones positivas” se etiquetara como “simplemente sexo entre adultos y niños”. En buena medida, también compararon el sexo consensual entre adultos y niños con los comportamientos de “masturbación, homosexualidad, felación, cunnilingus y promiscuidad sexual” que la American Psychological Association había considerado otrora patológicos. El estudio implicaba claramente que “el sexo adulto-niño algún día se volvería tan normalizado en los círculos terapéuticos como lo habían hecho esos predecesores”.

Tales planteamientos no se producen por mor de la casualidad, sino que derivan de un acontecimiento extraordinario en cuanto a sus dimensiones y sin precedentes por su trascendencia social, política, cultural y moral inserto en el contexto sociocultural de la postmodernidad, como fue la llamada revolución cultural de mayo del 68.

No en vano el entonces Papa Emérito Benedicto XVI publica en 2019, en la revista alemana para el clero, “Klerusblatt”, un artículo, “La Iglesia y el escándalo del abuso sexual” (“Die Kirche und der Sakandal des sexuellen Missbrauchs”)[38], en cuya primera parte presenta el contexto social general de la cuestión, sin el cual no se puede entender, y descubre cómo el proceso de degradación de la moral sexual ha llevado al escándalo de los abusos, haciendo memoria histórica de cómo se originó y se desarrolló espiritual y culturalmente en la sociedad y en la Iglesia de la segunda mitad del siglo XX[39].

Y así escribe: “Intento mostrar que en la década de 1960 ocurrió un gran evento, en una escala sin precedentes en la historia. Se puede decir que en los 20 años entre 1960 y 1980, los estándares vinculantes hasta entonces respecto a la sexualidad quebraron completamente, y surgió una nueva normalidad que hasta ahora ha sido sujeta de varios laboriosos intentos de disrupción.”.

“El asunto comienza con la introducción de los niños y jóvenes en la naturaleza de la sexualidad, algo prescrita y apoyado por el Estado. En Alemania, la entonces ministra de salud, (Käte) Strobel, tenía una cinta en la que todo lo que antes no se permitía enseñar públicamente, incluidas las relaciones sexuales, se mostraba ahora con el propósito de educar. Lo que al principio se buscaba que fuera solo para la educación sexual de los jóvenes, se aceptó luego como una opción factible.

Efectos similares se lograron con el «Sexkoffer» publicado por el gobierno de Austria (N. DEL T. Materiales sexuales usados en los colegios austríacos a fines de la década de 1980). Las películas pornográficas y con contenido sexual se convirtieron entonces en algo común, hasta el punto que se transmitían en pequeños cines (Bahnhofskinos) (N. del T. cines baratos en Alemania que proyectaban pequeñas cintas cerca de las estaciones de tren).

Todavía recuerdo haber visto, mientras caminaba en la ciudad de Ratisbona un día, multitudes haciendo cola ante un gran cine, algo que habíamos visto antes solo en tiempos de guerra, cuando se esperaba una asignación especial. También recuerdo haber llegado a la ciudad el Viernes Santo de 1970 y ver en las vallas publicitarias un gran afiche de dos personas completamente desnudas y abrazadas.”.

Añade: “Entre las libertades por las que la Revolución de 1968 quiso conquistar se encontraba la libertad sexual total, una que ya no tuviera normas”.

Y concluye: “Parte de la fisionomía de la Revolución del 68 fue que la pedofilia también se diagnosticó como permitida y apropiada”. “Para los jóvenes en la Iglesia, pero no solo para ellos, esto fue en muchas formas un tiempo muy difícil. Siempre me he preguntado cómo los jóvenes en esta situación se podían acercar al sacerdocio y aceptarlo con todas sus ramificaciones. El extenso colapso de las siguientes generaciones de sacerdotes en aquellos años y el gran número de laicizaciones fueron una consecuencia de todos estos desarrollos.”[40].

Para Benedicto XVI, era evidente: “con “el 68” se abre un capítulo nuevo en la historia en la segunda mitad del siglo XX, que dejaba atrás aquel esperanzado e ilusionado impulso de la Europa libre, concluida la II Guerra Mundial: de la Europa que se esforzaba por la recuperación de los grandes valores universales de su gran tradición cristiana e ilustrada: la recuperación de la libertad, de formas políticas, auténticamente democráticas, de conversión moral…En una palabra: ¿había que considerar como fracasado el proyecto europeo de la edificación de una nueva comunidad política, unida en el respeto incondicional de la dignidad de la persona humana y de la paz?. En el horizonte histórico próximo se divisaba la crecida de una corriente de crisis moral del hombre —crisis espiritual y religiosa— que, en opinión del Cardenal Ratzinger, ni la caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, ni el derrumbe de la Unión Soviética en la coyuntura histórica del tránsito del siglo XX al siglo XXI habían logrado detener y mucho menos revertir”[41].

La difusión en los medios informativos del artículo publicado por el entonces Papa Emérito Benedicto XVI, con su referencia tan directa a la Revolución del 68, contribuyó a que emergiera en el debate público un artículo del periodista GIULIO MEOTTI publicado en la prensa italiana, quien había abordado años atrás, en 2013, la cuestión suscitada por PIERRE VERDRAGER y MARY EBERSTADT, sobre la justificación de la práctica de la pedofilia en Francia y Estados Unidos y, en buena medida, también en otros países europeos, como Alemania, Austria y Holanda.

En este contexto social general en el que se sitúa por el entonces Papa emérito el gravísimo y al propio tiempo desconcertante escándalo del abuso sexual, no cabe desconocer los testimonios habidos durante la segunda mitad del propio siglo XX, en pleno apogeo de la revolución cultural del 68, protagonizados por intelectuales y publicistas que hicieron apología y defensa pública de la bondad de las relaciones sexuales con menores como expresión de una suerte de liberación sexual.

Así lo relata PIERRE VERDRAGER en su obra[42], cuando explica que, en pleno apogeo de la revolución del 68, determinados medios intelectuales franceses preconizaban que el niño debía ser considerado como un adulto, también en el terreno sexual. Consideraban que pensar lo contrario supondría mantener la represión y el dominio de los adultos en general hacia los niños, y más en particular, de los padres, en el seno de la familia. No hay que olvidar que en aquellos años y hasta bien avanzada la década de los 80, la familia como institución sufrió no pocos embates, siendo reputada -como señala VERDRAGER- como “el lugar privilegiado de la dominación”[43], hasta el punto de postularse “la muerte de la familia”[44].

Citando como referencia un trabajo de TONY DUVERT[45], VERDRAGER relata que “en Alemania del Oeste se dan cada año nueve mil niños asesinados por sus propios padres. Unas cifras equivalentes se han encontrado en otros países de Europa o de EE.UU. (…) no son muertes por accidentes de tráfico sino muertes producidas por malos tratos llevados a cabo por papá y mamá sobre sus tiernos hijos”. Y de ahí, como dice VERDRAGER, que “el pedófilo, pensaban algunos, representaba una oportunidad para los niños: era quien podría rescatarlo de las cadenas familiares, incluso salvarle la vida (…) pues ellos, al menos, amaban a los niños, que es lo que quiere decir precisamente el término de pedófilo”.

Otro factor influyente en aquellos años, además de la concepción de la familia como un lugar privilegiado de dominación, fue la aplicación de la teoría del psicoanálisis a la sexualidad infantil.

Según VERDRAGER, “el psicoanálisis fue una referencia fundamental en la justificación científica de la pedofilia”[46]; y ello, no solamente porque ya se hubiere teorizado desde antes de SIGMUND FREUD sobre la presencia de la sexualidad en los niños, sino porque consideraba, siguiendo a RENÉ SCHÉRER[47], que se debía a FREUD la idea de que los niños conformaban el primer objeto de deseo de los adultos, y si propugnaba la represión de tal pulsión en nombre de la prohibición del arcaico incesto, lo que suponía que si la sociedad rechazaba la pedofilia era en virtud de una suerte de  “resistencia” a la sexualidad infantil dominada por los tabúes”[48].

Otro argumento esgrimido por la intelectualidad del momento, además del psicoanalítico, fue el argumento antropológico o cultural de constatar que durante la historia y en no pocas culturas la pedofilia no solamente era admitida y reconocida sin ambages. Se recordaba que en algunas culturas se sostenía que mediante la sodomía generalizada el menor sodomizado adquiría la fuerza del adulto, como era el caso de las culturas orientales japonesa y budista, por no hablar de la vieja Grecia.

Un ejemplo bien significativo, a este respecto, en el corazón de la postmodernidad es el manifiesto o carta pública suscrita por un grupo de sesenta intelectuales franceses, entre los cuales cabe citar a LOUIS ARAGON, ROLAND BARTHES, SIMONE DE BEAUVOIR, PATRICE CHÉREAU, GILLES ET FANNY DELEUZE, JEAN PIERRE FAYE, MICHEL FOUCAULT, ANDRÉ GLUCKSMANN, GUY HOCQUENGHEM, BERNARD KOUCHNER, JACK LANG, JEAN-FRANCOIS LYOTARD, FRANCIS PONGE, JEAN PAUL SARTRE y PHILIPPE SOLLERS, entre otros, publicada el día 26 de enero de 1977 por el diario francés Le Monde, para pedir la liberación de Bernard Dejager, Jean-Claude Gallien y Jean Burckardt, detenidos en 1973 y en situación procesal de prisión preventiva por el denominado caso Versalles bajo la acusación de abusos sexuales a menores de edad (tipificados en el derecho penal francés como delitos de atentado contra el pudor sin violencia)[49].

En él se señalaba que “una detención provisional tan prolongada les resultaba escandalosa”; que (los acusados) “se arriesgaban a una grave pena de reclusión criminal, sea por haber mantenido relaciones sexuales con menores, chicos y chicas, sea por haber favorecido y fotog afiado sus juegos sexuales (jeux sexuels)”.

Y precisaban en su comunicado que “las relaciones tiempos de Napoleón III (Ley de 1863) la mayoría sexual se fijó en los 13 años de edad. En 1942, el gobierno de Vichy del mariscal Pétain, mantuvo los 13 años para las relaciones sexuales heterosexuales y fijó en 21 años la mayoría de edad en las relaciones homosexuales, coincidiendo con la edad de mayoría civil. Tres años después, una ordenanza del General De Gaulle sube la mayoría sexual heterosexual a los 15 años, manteniendo la de la relación homosexual a los 21 años. El año 1974, en la presidencia de Giscard d´Estaing, además de descender la edad civil de los 21 a los 18 años de edad, se mantiene la mayoría sexual heterosexual en los 15 años y se rebaja la homosexual a los 18 años de edad. En fin, al poco de acceder al poder Mitterrand, el año 1982, se establece la mayoría de edad sexual, tanto para las relaciones heterosexuales como para las homosexuales, a los 15 años de edad”.[50].

Lo expuesto no solo pone de manifiesto que los menores (niños y jóvenes) han sido víctimas de todo tipo de abusos, maltratos y vejaciones, incluido los abusos sexuales, a lo largo de la historia, sino que el ambiente y contexto socio-cultural bien recientes no solo han sido comprensivos con la pedofilia, sino que la han justificado y auspiciado.

1.2 La preocupación de los estados y los poderes públicos por la protección de los menores

En otro orden de consideraciones, no cabe tampoco desconocer que las medidas y normas adoptadas por los Estados con el devenir de los tiempos para afrontar la persecución y el castigo de tales prácticas indignas se remontan a tiempos bien recientes, siendo así, además, que las adoptadas fueron en buena medida medidas y normas (al menos las arbitradas en sus primeros tiempos) que revelaban como rasgo propio una mayor preocupación por sancionar a los responsables o victimarios que por prestar la debida asistencia, atención y cuidado a las víctimas.

De ahí que la cuestión relativa a los abusos sexuales a menores y la desprotección a la que se vieron sometidos durante siglos pueda considerarse que forma parte de esa historia olvidada de la humanidad y de la que no se toma conciencia generalizada hasta bien entrado ya el siglo XX, con la llamada Declaración de Ginebra adoptada en el seno de la Sociedad de Naciones el 26 de diciembre de 1924, previamente formulada, aprobada y ratificada por el Congreso General de la Alianza Internacional Save the Chidren el 28 de febrero de 1924[51].

Tal declaración sobre los derechos de la niñez constituyó una declaración de buenos propósitos, desprovista de carácter vinculante, y por consiguiente sin fuerza de obligar para Estados y Gobiernos, lo cual no debe restarle la importancia debida, pues constituyó un verdadero hito impulsado por una institución surgida desde la sociedad civil, Save the Children Fund, luego transformada en la Alianza Internacional Save the Children, que tuvo el respaldo de la Sociedad de Naciones. 

Será posteriormente, y en el marco de los principios de la Carta de Naciones Unidas de 26 de junio de 1945, cuando los Estados y la propia comunidad internacional van tomando conciencia de las exigencias derivadas de la dignidad de la persona humana y el pleno y efectivo reconocimiento de los derechos fundamentales de la persona, ofreciendo paulatinamente respuestas desde una perspectiva social, jurídica y asistencia, y creando instituciones protectoras.

Al propio tiempo, se experimenta una internacionalización de la acción sobre la protección de los menores, de la que es una muestra la Declaración  de los Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1959, que, tras proclamar en su Preámbulo que “el niño, por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidado especiales, incluso la debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento” (Considerando tercero), declara que el niño “disfrutará de todos los derechos enunciados en esta Declaración” (Principio 1), y “gozará de una protección especial (…) para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad” (Principio 2).

Importa subrayar que, ni siquiera en la Declaración de 1959, había referencia alguna al “abuso sexual”, como puso de manifiesto en términos críticos el propio VERDRAGUER en su obra tantas veces citada[52].

Por su parte, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, adoptado por la Asamblea General de Naciones Unidas el 16 de diciembre de 1966, tras reafirmar la consideración que la familia merece como institución natural y fundamental de la sociedad (artículo 23), declara en su artículo 24.1 que: “Todo niño tiene derecho, sin discriminación alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, origen nacional o social, posición económica o nacimiento, a las medidas de protección que su condición de menor requiere, tanto por parte de su familia como de la sociedad y del Estado. (…)”.

Conscientes, sin embargo, de la necesidad de proporcionar al niño una protección especial, ya enunciada en la Declaración de Ginebra de 1924, y de conformidad con los principios proclamados en la Carta de Naciones Unidas y la Declaración Universal de Derechos Humanos, así como en la Declaración de los Derechos del Niño, se aprobó finalmente la Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989 y ratificada por España el 6 de diciembre de 1990, actualmente en vigor, y que impone a los Estados que son parte de la Convención, entre otras, las siguientes obligaciones y compromisos:

La adopción de medidas legislativas administrativas, sociales y educativas apropiadas “para proteger al niño contra toda forma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluido el abuso sexual, mientras el niño se encuentre bajo la custodia de los padres, de un representante legal o de cualquier otra persona que lo tenga a su cargo” (artículo 19).

y abusos sexuales” (artículo 34).

La adopción de todas las medidas apropiadas “para promover la recuperación física y psicológica y la reintegración social de todo niño víctima de cualquier forma de abandono, explotación o abuso, tortura u otra forma de tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, o conflictos armados” (artículo 39)

La adopción de medidas para “proteger al niño contra todas las formas de explotación

Tal Convención constituye un verdadero punto de inflexión que tiene su lógica repercusión en los ordenamientos jurídicos nacionales de los Estados, como es el caso de España entre otros, que fueron promoviendo a partir de entonces políticas públicas y adoptando medidas asistenciales y de protección jurídica dispensada al menor.

1.3 La situación de los abusos en la sociedad española en la actualidad

Al analizar la realidad de los abusos sexuales cometidos por miembros de la Iglesia católica en la sociedad española entre 1945 y 2022, hay un aspecto que merece una reflexión previa. Se trata de conocer la realidad de los abusos en la sociedad española en la actualidad, que permita poner en contexto lo sucedido y dar una visión general de un verdadero problema social. De este modo, con la referencia de la incidencia de los abusos en la sociedad española se puede valorar en su justa medida la situación causada por los abusos sexuales cometidos por algunos miembros de la Iglesia en el desarrollo de su misión.

Lo primero que debe observarse es que, a pesar de constituir un problema social de indudable relevancia a lo largo de la historia y serlo hoy hasta el punto de generar alarma social, los abusos sexuales a menores siguen siendo una de las realidades que menos se conoce, lo que -además de resultar una paradoja- dificulta notablemente disponer de datos debido a que los estudios científicos son prácticamente inexistentes, con escasas aproximaciones el problema y siempre centrados en muestras provenientes de la población general[53]. Numerosas fuentes dan cuenta de una realidad grave y creciente que afecta a toda la sociedad y que precisa de una reacción importante. Para conocer la situación de los abusos en la sociedad española se han utilizado siete fuentes, las siete ajenas a la Iglesia católica.

La primera fuente es el Ministerio del interior y sus informes anuales sobre los delitos contra la libertad sexual en menores. El presentado en 2022 recoge la información del período 2015-2021[54].

La segunda fuente es el Ministerio de justicia y su Memoria fiscal que presenta cada año. Los datos disponibles en su web www.fiscal.es abarcan el período 2011-2021.

Informe de la fundación ANAR titulado “Abuso sexual en la infancia y adolescencia (2008-2019)”[55].

Informe de Save the Children titulado “Los abusos sexuales hacia la infancia en España sobre sentencias de casos de 2019 y 2020”[56].

Informe del Profesor López Sánchez “Los abusos sexuales de menores. Lo que recuerdan de mayores” (1994).

Informe del Grupo de Investigación en Victimización Infantil – Adolescente de la Universidad de Barcelona “Victimización sexual autorreportada en adolescentes españoles comunitarios y en colectivos de riesgo” (2015).

Informe de la Profesora Varona Martínez, “Estudio exploratorio sobre los abusos sexuales en la Iglesia española y otros contextos institucionales”.

1.3.1 El informe del Ministerio del Interior sobre los delitos contra la libertad sexual en menores (2017-2020)

El Ministerio del Interior a través de la Dirección General de Coordinación y Estudios de la Secretaría de Estado de Seguridad presenta un informe anual sobre “Delitos contra la libertad e indemnidad sexual”. El último de ellos, presentado en 2022, recoge los datos del año anterior y las tablas con los datos comparados del período 2015-2021. Entre 2015 y 2021 los delitos sexuales denunciados han sido 93.016, habiéndose incrementado en un 69% entre 2015 y 2021.

Este estudio no se centra en delitos cometidos contra menores, pero sí ofrece la evolución de los delitos por rango de edad y, en las conclusiones se refiere a los delitos cometidos contra los menores.

En este período, desde 2015, los delitos sexuales cometidos contra menores denunciados e investigados por la Policía han sido 44.747. En el último año, en 2021, el Ministerio del Interior investigó 16.986 delitos sexuales, de los que 8.317 delitos sexuales habían sido cometidos contra menores de edad, y 3.805 de ellos se habían cometido contra menores de 13 años.

El informe señala que “hay que destacar la gran proporción de victimizaciones de menores por estos hechos. En la actualidad representan el 48,8% del total, situándose a gran distancia del segundo grupo de edad con mayor número”. En realidad, durante todo el periodo analizado los menores de edad alcanzan prácticamente el 50% de las víctimas.

1.3.2 Las memorias del Ministerio Fiscal (2011-2021)

El ministerio fiscal elabora anualmente una memoria de actividades recogida en su portal de internet www.fiscal.es con los datos relativos a la actividad de cada uno de los servicios fiscales. Dentro de la Memoria, el capítulo IV se refiere a los órganos territoriales del Ministerio Fiscal, que recoge en la información estadística una tabla con los datos compendiados a escala nacional de todos los delitos investigados, en sus diversos momentos procesuales.

En la Memoria se recogen las estadísticas relativas a todos los delitos. De ellos, once tipos delictivos se refieren a delitos sexuales cometidos contra menores: Prostitución de persona menor de edad o incapaz; utilización de menores con fines pornográficos; corrupción de menores, abuso sexual a menores de 16 años; agresión sexual a menores de 16 años; acoso por telecomunicaciones a menores de 16 años; abuso sexual con engaño sobre mayores de 16 y menores de 18 años, agresión sexual de menores de 16 años con acceso carnal (violación); omisión de los deberes de guarda del menor estado: prostitución/corrupción; exhibición y provocación sexual sobre menores de 16 años; y uso de prostitución de persona menor de edad o incapaz.

Al analizar el período comprendido entre 2011 y 2022, que aparece recogido en la página web y atendiendo solamente a las investigaciones previas y urgentes incoadas por el Ministerio fiscal, encontramos que en ese período se realizaron por parte de la Fiscalía 44.257 diligencias sobre delitos sexuales cometidos contra menores. En la serie de delitos presentada, entre 2011 y 2022, destaca que este tipo de diligencias casi se ha quintuplicado en este período, pasando de 1.180 en 2011 a 5.760 en 2022.

La evolución de los delitos en esta década y el número de casos por cada tipo delictivo a lo largo del período recogido se puede ver en las dos páginas siguientes.

Investigaciones previas y urgentes incoadas. Memoria fiscal (www.fiscal.es)
 Tipo delictivo20222021202020192018201720162015
Prostitución de persona menor de edad o incapaz162144149184163228186133
Utilización de menores con fines pornográficos333321381387344400365327
Corrupción de menores334326313277168148104270
Abuso sexual a menores de 16 años324231392.6052.5562.1371.6921.427901
Agresión sexual a menores de 16 años1114825608681595424343247
Acoso por telecomunicaciones a menores de 16 años2412022241811478989107
Abuso sexual con engaño sobre mayores de 16 y menores de 18 años4538454641393952
Agresión sexual de menores de 16 años con acceso carnal (violación)11210493100825310139
Omisión de los deberes de guarda del menor estado prost/corrup1320132629202725
Exhibición y provocación sexual a menores de 16 años150133138206265234288128
Uso de prostitución de persona menor de edad o incapaz1419183430304811
TOTAL5.7605.2714.5874.6784.0013.3573.0172.240

En los años anteriores, entre 2011 y 2014, la edad de consentimiento se había rebajado a 13 años por lo que los tipos delictivos eran distintos.

Tipo delictivo2014201320122011
Prostitución de persona menor de edad o incapaz144131124125
Utilización de menores con fines pornográficos241221303289
Corrupción de menores316293246280
Abuso sexual a menores de 13 años669649511266
Agresión sexual a menores de 13 años171190133143
Acoso por telecomunicaciones a menores de 13 años93706577
Abuso sexual con engaño sobre mayores de 13 y menores de 16 años74521270
Agresión sexual de menores de 13 años con acceso carnal (violación)2013110
Omisión de los deberes de guarda del menor estado prost/corrup18910
TOTAL 1.7461.6281.5211.180

En total, en el período 2011-2021, el ministerio fiscal inició investigaciones previas y urgentes incoadas sobre un total de 38.497 de abusos sexuales cometidos contra menores de 16 años. De ellos, 5.271 se produjeron en 2021.

En el contexto de los casos actuales, la Fiscalía General del Estado solicitó en un oficio remitido el 31 de enero de 2022 a las fiscalías de las diecisiete comunidades autónomas la comunicación de los “procedimientos penales en tramitación que puedan detectarse en las fiscalías territoriales de su respectiva comunidad autónoma, incoados tanto en sede judicial como fiscal, y que tengan por objeto el esclarecimiento de denuncias y/o querellas por la supuesta comisión de agresiones y abusos sexuales a menores de edad en el seno de congregaciones, colegios o cualquier otra institución religiosa”.

El 16 de febrero la Fiscalía General hizo público el resultado sobre los procedimientos penales que en la actualidad están abiertos tanto en sedes judiciales como en fiscalía. En cinco de las fiscalías no estaba abierto ningún procedimiento penal (Asturias, Cantabria, La Rioja, Navarra y Extremadura). En las otras doce había abiertos 68 procedimientos penales[57]. Esos procedimientos penales corresponden no sólo a la Iglesia católica sino a cualquier institución “religiosa”, como señala el oficio remitido por la Fiscalía general. La Fiscalía de Madrid, por ejemplo, que hizo público el listado de los seis casos recogidos en su demarcación, señaló casos referidos a un Testigos de Jehová o a un pastor de la Iglesia Evangélica, entre otros.

1.3.3 Informe de la Fundación ANAR sobre abuso sexual en la infancia y la adolescencia según los afectados y su evolución en España (2008-2019)

La Fundación ANAR es una organización fundada para garantizar la promoción y defensa de los derechos de niños y adolescentes. En 2021 presentó el informe titulado Abuso sexual en la infacia y adolescencia según los afectados y su evolución en España (2008-2019). El objetivo era analizar y comprender el fenómeno del abuso sexual hacia niños y adolescentes basándose en las conversaciones con las víctimas que la Fundación había registrado desde 2008. El estudio se apoya en 89.808 peticiones de ayuda relacionadas con el abuso sexual que fueron necesarias para atender los 6.183 casos confirmados de abuso sexual que se utilizan en el trabajo. El estudio señala que en este período los casos de abuso sexual se han multiplicado por 300, de 273 en 2008 a 1.093 en 2020, con una tasa anual de crecimiento del 14,3%. En este informe se hace un perfil del agresor que señala que el 80% pertenece al círculo de confianza de la víctima, siendo familia en casi el 50% de los casos.

En relación con los datos obtenidos a partir de la investigación realizada por la Fundación ANAR, cabe destacar, a los efectos ahora considerados, los siguientes:

El primer dato relevante a subrayar es el fuerte crecimiento de los casos de abuso sexual en la última década (2009-2019). Dice así: “Se debe subrayar el fuerte crecimiento experimentado por los casos de abuso sexual atendidos por la Fundación ANAR a lo largo de la última década. Mientras que, al inicio de la crisis económica, en los años 2008 y 2009, la Fundación ANAR atendía en torno a 275 casos anuales, en 2018, último año para el que disponemos de información completa, los casos de abuso sexual atendidos prácticamente se cuadruplican hasta llegar a superan el millar –en concreto, 1.038 menores de edad víctimas de abuso sexual atendidas.”.

“Tratar de discernir qué parte de este incremento se explica bien por un crecimiento real del fenómeno objeto de estudio, bien por un cambio de tendencia que favorezca su revelación hacia el exterior, o bien por la mayor eficacia y conocimiento de la labor realizada por la Fundación ANAR en la atención de los casos de abuso sexual sufridos por menores de edad en España, es una tarea que va más allá de los límites de este informe. La realidad es que a lo largo del período analizado el número de casos de abuso sexual a menores de edad experimenta un crecimiento extraordinario, que en tasa anual acumulativa se sitúa en el 14,3%”.

“Por otra parte, se identifican dos etapas claramente diferenciadas en el periodo objeto de estudio. En el primer quinquenio, que transcurre entre 2008 y 2013, la tasa de crecimiento anual acumulativa de los casos de abuso sexual se sitúa en el 8,4%, mientras que, en el quinquenio posterior, que va de 2013 a 2018, el crecimiento anual se duplica con creces hasta llegar al 20,5% (nuevamente, en el gráfico 4, en páginas posteriores, se ilustra esta información). Los datos indican que, al finalizar la etapa de crisis, en el año 2013, se produce un punto de inflexión en la evolución de los casos de abuso sexual registrados por la Fundación ANAR. Con la excepción del año 2017 en que se registra una pequeña caída, el total de víctimas de abuso sexual atendidos por la Fundación ANAR crece de forma sostenida desde 2013 hasta el nivel máximo de 2018.”[58].

En cuanto a las características personales de la víctima, se hace constar que “el 76,2% de los menores de edad víctimas de abuso sexual son mujeres y el 23,8% restante, varones”[59].

Por lo que se refiere al dato de con quién vive la víctima, se hace constar que “las víctimas del abuso sexual viven mayoritariamente con sus padres (37,3%), con su madre sola (34,7%) o con su madre y su pareja (10,5%) (ver gráfico 12)”. Y explica: “Llama la atención el reducido peso relativo de la primera categoría que representa a la familia nuclear en la que conviven los hijos/as con ambos padres. Mientras que las víctimas de abuso sexual que viven en un entorno de familia nuclear alcanzan alrededor de un tercio de los casos, según el Censo de Población de 2011 (INE) el 71,9% de los hogares en España en los que hay algún hijo menor de 25 años se corresponde con la familia nuclear, proporción que casi duplica la que se registra por las víctimas de abuso sexual atendidas por la Fundación ANAR en el periodo 2008-2019”[60].

Respecto a la composición del hogar, se indica que “el 51,9% de las víctimas de abuso sexual atendidas por la Fundación ANAR pertenecen a una familia monoparental (ver gráfico 14)”. Explica el informe que “esta proporción es muy elevada en términos relativos si se tiene en cuenta que, según la Encuesta Continua de Hogares del INE, en 2017 las familias monoparentales apenas representan en España el 12,7% del total de hogares con hijos/as que conviven en el hogar. Este resultado es consistente con la información que se había examinado anteriormente con relación a las formas de convivencia familiar/institucional de las víctimas del abuso sexual. Por otra parte, a lo largo del periodo se observa un ligero crecimiento del peso específico de las víctimas que pertenecen a una familia monoparental, al aumentar desde el 50,5% del total en 2008 hasta el 55,9% en 2018 (ver gráfico 15 y Tabla 8)”[61].

En lo tocante al lugar en el que se producen los abusos del menor, el informe identifica que “tres son los lugares en los que se produce el 77,7% de los abusos a menores de edad (ver gráfico 88), todos ellos o bien en su propio hogar, o bien en otras casas del entorno, o bien en el entorno educativo del menor de edad: la mitad de los casos (49,7%) se concentra en la casa del menor de edad”[62].

Se hace constar que los abusos cometidos en “actividades religiosas” representa el 1%[63].

Singular relevancia tiene el análisis de los datos relativos a la figura del agresor o autor responsable de los abusos. El informe constata que “en el conjunto del periodo 2008-2019, la mayor parte de los abusos sexuales a menores de edad son perpetrados por el padre (32%), otro familiar (18,7%) y compañeros, amigos o conocidos del menor de edad (21,2%) (ver gráfico 34)”, de tal suerte que “si se suman todos los familiares (padres, padrastros, tíos, abuelos, hermanos, primos, etc.) resulta que el 58,8% de los abusos sexuales a menores de edad en España son cometidos por un miembro de la familia de la víctima”[64].

Se subraya también “el crecimiento de la importancia relativa de los abusos cometidos por novios, parejas y exparejas de la víctima, que pasan de representar el 3,3% del total de los casos en 2008 al 6,3% en 2018”[65].

Por último, en cuanto al vínculo con la víctima, los datos obtenidos muestran que “alrededor de la mitad de los abusos sexuales a menores de edad son cometidos por un familiar (49,2%, incluyendo padres y madres, padrastros y madrastras, abuelos/as, tíos, primos, hermanos y hermanastros y otros familiares), y el resto se reparte entre adultos sin relación e internautas ((9,9%), compañeros y amigos (14,4%), adultos del entorno de confianza (9,2%, incluyendo amigos de la familia, profesores y monitores de actividades extraescolares, vecinos y sacerdotes) y novios y exparejas (8%))”.

Descendiendo al detalle, “los agresores más frecuentes son: el padre (23,3%), los compañeros (8,7%), amigos (5,7%), la pareja o novio (5,6%), el padrastro o pareja de la madre (5,4%), el tío (5,4%) y un internauta (5,2%)”.

En este orden, el informe llega a precisar que los abusos cometidos por un “sacerdote” (pudiendo entenderse por tal, a estos efectos, un miembro de la Iglesia) representa una proporción del 0,2% del total, y atendiendo al parámetro del sexo de la víctima, podría representar hasta un 0,4% del total.

En definitiva, “el abuso sexual es un problema que tiene lugar fundamentalmente en el círculo familiar y en menor medida en el entorno de confianza”[66].

En relación a los lugares en que se producen los abusos, también en casi el 50% de los casos los abusos se cometen en la casa del menor, y en otras casas del entorno en un 14,8% de los casos recogidos.

1.3.4 Los abusos sexuales hacia la infancia en España sobre sentencias de casos de 2019 y 2020. Save the Children.

En noviembre de 2021, la organización no gubernamental Save the Children España publicó un nuevo informe en materia de abuso sexuales denominado “Los abusos sexuales hacia la infancia en España”, que lleva por subtítulo: “Principales características, incidencia, análisis de los fallos del sistema y propuesta para la especialización de los Juzgados y la Fiscalía”[67].

En la línea de los informes publicados hasta la fecha sobre las diversas formas de violencia contra la infancia, el último informe publicado por Save the Children analiza las principales características del abuso sexual infantil sobre la base de 394 sentencias dictadas por juzgados y tribunales de justicia españoles sobre delitos sexuales cometidos contra menores de edad entre 2019 y 2020[68].

Ya en su informe de 2017, Save the Children estimaba que entre un 10 y un 20 % de la población en España ha sufrido algún tipo de abuso sexual durante su infancia, y que la edad media en la que los tniños y las niñas comienzan a sufrir abusos es muy temprana, a los 11 años, y la siuación se prolonga durante cuatro años[69].

En su informe de 2021 se hacen constar ciertos datos de interés sobre las características del abuso sexual:

En cuanto al perfil de la víctima, además de reiterar los datos ya referenciados, se indica que, según el análisis de las sentencias, un 44,7 % de los abusos se producen entre los 13 y los 16 años[70], aunque la edad media en la que los niños comienzan a sufrir abusos es muy temprana, a los 11 años y medio; y se añade que el 78,9 % de los casos analizados las víctimas son niñas y adolescentes, apreciándose diferencias por tramos de edad entre ambos sexos.

 Respecto al perfil del agresor, el informe señala que el 84 % de los agresores son conocidos en mayor o menor grado por los menores.

Entre los ámbitos más comunes en los que tiene lugar los abusos destaca el entorno familiar con casi la mitad (49,5 %) de los casos analizados donde alguno de los perfiles de abusador más frecuentes son: el padre (24,9 % del total del entorno familiar y 12,3 % del total), otro familiar no identificado (19,7 % del entorno familiar y 9,7 % del total), la pareja de la madre típicamente masculina (18,8 % del entorno familiar y 9,3 % del total), el abuelo (12,2 % del entorno familiar y 6 % del total) o el tío (6,6 % dentro del entorno familiar y 3,2 % sobre el total).

En el análisis de agresores conocidos, pero fuera del entorno familiar (que supone el 34,5 % de casos), destacan 9,7 % amistades o compañeros de la víctima (19,8 % del total de los casos del entorno ajeno a la familia), en un 8,6 % de los casos son conocidos de la familia (17,5 % del total de los casos del entorno ajeno) y educadores con un 6 % de los casos (12,3 % del entorno fuera de la familia).

En cuanto al perfil de las familias, el informe concluye que los abusos  se producen en todo tipo de familias y contextos, si bien, según el análisis de sentencias, cabe apreciar que la mitad de los casos se producen en familias en las que los progenitores están en pareja (55,5 %) el abuso se da en todo tipo de familias y contextos, ya sea con progenitores divorciados, separados, con la tutela a cargo de un familiar o varios, o de la Administración Pública. Además, solo en el 12,5 % de los casos el agresor tiene antecedentes.

1.3.5 Informe del Profesor López Sánchez

En nuestro entorno específico, el primer precedente de investigación sociológica sobre el abuso sexual a menores se remonta a la década de los noventa y es el estudio del profesor LÓPEZ SÁNCHEZ elaborado por encargo del Ministerio de Asuntos Sociales y publicado en 1994[71]. Dicho estudio constituye el primer trabajo de investigación que se realiza sobre una muestra representativa de la población española hecha mediante encuestas personales que intenta medir la prevalencia del abuso sexual en la infancia.

Entre los datos de interés a los efectos ahora considerados, cabe destacar los siguientes: Un 20% de las personas entrevistadas declaró haber sufrido algún tipo de abuso sexual. De ellos: a) el 44% sufrió una victimización múltiple; b) el 60% no recibió ningún tipo de ayuda; y c) el 4, 17% sufrió el abuso por parte de un sacerdote (9% en el caso de los hombres, y 1% en el caso de las mujeres). La mayoría de estas víctimas sufrió el abuso a la edad de los 9, 13 o 14 años.Los abusos a menores cometidos por maestros y profesores afectaban al 23% de las niñas y al 10% de los niños.

1.3.6 Informe del Grupo de Investigación en Victimización Infantil – Adolescente de la Universidad de Barcelona

Por su parte, el Grupo de Investigación en Victimización Infantil -Adolescente constituido en el seno del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona, integrado por Noemí PEREDA, Judit ABAD, Georgina GUILERA y Mila ARCH[72], publicó un estudio en 2015 sobre la “Victimización sexual autorreportada en adolescentes españoles comunitarios y en colectivos de riesgo”.

El estudio hace constar que el problema de los abusos afecta a la población del mundo occidental en un rango de “cifras que oscilan entre un 10 y un 20%”, y que, sobre la base de la “encuesta a una muestra representativa de 1821 ciudadanos/as adultos/as de la población española, se encontró que un 15% de los varones y un 22% de las mujeres habían sido víctimas de esta experiencia antes de los 17 años de edad”.

También constata en congruencia con otros estudios internacionales, la existencia de “grupos de mayor riesgo”, como son los “centros educativos”, los “centros de salud mental”, los “centros de protección” y el “sistema de justicia juvenil”.

1.3.7 Informe de la Profesora Varona Martínez

En su “Estudio exploratorio sobre los abusos sexuales en la Iglesia española y otros contextos institucionales: Marco teórico y metodológico de una investigación victimológica abierta”[73], la criminóloga Gema VARONA MARTÍNEZ[74] afirma que, tras revisar las bases de datos bibliográficas más relevantes, solo se encuentran referencias al tema objeto de consideración en el ámbito disciplinar del Derecho canónico y de la Psicología de la sexualidad[75], y aunque existen limitaciones respecto de su fiabilidad y consistencia metodológica, estudios generales sobre la victimización infanto-juvenil señalan que aproximadamente un 20-25% de las mujeres entrevistadas y sobre un 10-15% de hombres entrevistados declaran haber sufrido abusos sexuales durante su infancia, siendo en el 39% de los casos el padre y en el 30% otro miembro de la familia.

Destaca la profesora VARONA MARTÍNEZ en su estudio[76], que otra fuente potencial de información y datos son las resoluciones judiciales dictadas por Juzgados y Tribunales en el ámbito de la jurisdicción civil del Estado. Indica, al respecto, que, tras una búsqueda en las bases de datos de resoluciones judiciales más relevantes (una pública, la base de datos del Centro de Documentación Judicial (CENDOJ) del Consejo General del Poder Judicial, y otra comercial, la base de datos de la Editorial Aranzadi), con datos actualizados a 2015, se pudo comprobar que: “Desde el año 1950 y hasta julio de 2015, únicamente se han podido identificar veinticinco (25) sentencias condenatorias contra clérigos”.

1.4 Conclusiones

A la vista de los datos expuestos, resulta con evidencia que los abusos sexuales de menores en España se producen fundamentalmente en el ámbito familiar y en menor medida en entornos de confianza ajenos a la familia. Los casos que acontecen en el ámbito de la Iglesia en España son muy escasos desde la perspectiva estricta de la proporción en relación con los registrados en el conjunto de la sociedad, sin que ello implique restar un ápice de importancia a los casos de abusos sexuales de menores habidos en la Iglesia, el reconocimiento del grave daño inferido por quienes han cometido tan graves delitos y la adopción de las medidas necesarias de sanación y reconciliación con las víctimas.

  • Los informes sobre los abusos sexuales a menores en España son muy recientes. El primer informe de referencia sobre esta cuestión recoge sus primeros datos en 1994.
  • La mitad de los abusos sexuales que se cometen en España se cometen contra menores de 17 años y la cifra ha crecido en un 75% en los últimos seis años.
  • La fiscalía ha abierto diligencias sobre 15.600 casos de abusos sexuales a menores en los últimos tres años.
  • En este sentido, tiene abiertos procesos penales sobre 68 acusados pertenecientes al ámbito religioso de cualquier confesión.

La mitad de los abusos contra menores los cometen miembros de su familia, en el domicilio del menor.

Entre el 10 y el 20 por ciento de la población española ha sufrido abusos durante su infancia.


[1] SAEZ MARTÍNEZ, Gil José, Aproximación histórica a los abusos sexuales de menores, Eguzkilore – Cuaderno del Instituto Vasco de Criminología número 29, págs. 137-170, 2015, pág. 138.

[2] SAEZ MARTÍNEZ, Gil José, opus. cit., pág. 138.

[3] DE MAUSE, Lloyd, Historia de la infancia, Alianza Universidad, Barcelona, 1982; luego Alianza Editorial, Madrid, pág. 14.

[4] VERDRAGER, Pierre, L’enfant interdit: Comment la pédophilie est devenue scandaleuse (El niño prohibido: Como la pedofilia se volvió escandalosa), 2013, págs. 58 y sigs.

[5] DE MAUSE, Lloyd, opus. cit., pág. 35.

[6] Testimonio citado por CANTARELLA, Eva, La bisexualidad en el mundo antiguo. Editorial Akal, Madrid, 1991, pág. 59.

[7] CANTARELLA, Eva, opus. cit., págs. 35-41.

[8] CANTARELLA, Eva, opus. cit., pág. 125.

[9] SHÉRER, René, La pedagogía pervertida, Editorial Laertes, Barcelona, 2ª edición, 1983. Según este psicólogo francés solo existe una sexualidad que está presente en el niño al margen del adulto. Para SHERER, por lo tanto, la solución “está en reconocer nítidamente que el niño tiene una sexualidad propia que puede utilizar, en plantear claramente que, en este campo, ninguna educación es admisible, ya que solamente los propios interesados poseen el saber”, pág. 135.

[10] CANTARELLA, Eva, opus. cit., págs. 272-273.

[11] ESQUINES, Discursos, testimonios y cartas, Editorial Gredos, Colección Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 2001. El discurso contra Timarco es conocido por sus referencias a las leyes imperantes en la sociedad ateniense y en particular por la mención a las relaciones homosexuales entre los hombres de la época. En particular, muestra la permisividad que existía entre los atenienses a la hora de contemplar las relaciones homosexuales entre hombres adultos y menores, considerándolas permitidas siempre y cuando estuviesen basadas en el deseo y en la persuasión, tal y como Esquines describe sus propias relaciones con jóvenes, sus discusiones con ellos y los poemas que les dirige, a la vez que lo utiliza para evitar que dichas relaciones puedan usarse en su contra. Por otra parte, alude a las relaciones basadas en acuerdos económicos en los que el joven vendía sus favores a cambio de dinero (de lo que se acusaba a Timarco), que, por el contrario, no sólo no eran aceptadas, sino condenadas.

[12] DE MAUSE, Lloyd, opus. cit., pág. 80.

[13] D.48.35.41.1. Digesto Libro nº 48, Título 35, Ley 45, párrafo nº 1.

[14] El “mancipium” era una institución jurídica del Derecho romano que permitía al pater familias vender a su hijo a otra familia por causas diversos. Por ejemplo: pagar una deuda, resarcir a un tercero de un daño, o la simple voluntad de abandono por parte del padre. En virtud de ello, el hijo pasaba a estar sometido al nuevo dueño.

[15] FERNÁNDEZ UBIÑA, José; “El imperio romano como sistema de dominación”, en Polis Revista de Ideas y Formas políticas de la Antigüedad Clásica número 18, págs. 75-114, 2006, pág. 94. El autor cita como especialmente gráficos sobre este punto los testimonios de Justino (Apología I, 27, 1-4) y Tertuliano (A los gentiles, I, 16, 9-20); y para un estudio detallado, cf. J. W. Knust, Abandoned to Lust. Sexual Slander and Ancient Christianity, Nueva York, 2006.

[16] “No toleramos que la ciudad de Roma, madre de todas las virtudes, sea manchada por la contaminación de un afeminado pudor en el varón…” C. Th. 9.7.6: “Por lo tanto, a todos aquellos que tengan la vergonzosa práctica de condenar su cuerpo varonil, colocado al modo de las mujeres, a la tolerancia del sexo de otro, y no tener nada distinto de las féminas… los entregará al castigo de las llamas, en presencia del pueblo” C.Th.9.5.2.

[17] D.47.11, 1, 2. Digesto Libro nº 47, Título 11, Ley 1, párrafo nº 2.

[18] LASCARATOS, J; POULAKAU-REBELAKAU, E, “Child sexual abuse: Historical Cases in the Byzantine Empire”, Child Abuse Neglect 2000, volumen 24, número 8, págs. 1086-1087, pág. 1088.

[19] PLATÓN, Las leyes o de la legislación, Obras completas, Editorial Aguilar, Madrid, 1991, Libro VIII, 838e, pág. 1422.

[20] “…No descubrirás la desnudez de la hija de la mujer de tu padre, engendrada de tu padre, que es tu hermana. No descubrirás la desnudez de la hermana de tu padre; es carne de tu padre. No descubrirás la desnudez de la hermana de tu madre; es carne de tu madre. No descubrirás la desnudez del hermano de tu padre; no te acercarás a su mujer; es la mujer de tu tío. No descubrirás la desnudez de tu nuera, es la mujer de tu hijo; no descubrirás su desnudez. No descubrirás la desnudez de la mujer de tu hermano; es la desnudez de tu hermano. No descubrirás la desnudez de una mujer y la de su hija, ni tomarás la hija de su hijo ni la hija de su hija para descubrir su desnudez; son tu propia carne; sería un incesto: Lv.16, 6-18.

[21] “Qualquier omne lego, o de orden, o de linaie grande, o de pequeño que fuer provado que fiziere este pecado mante -niente el príncipe o el iuyz lo mande castrar”, L.III. T. V. Ley 5.

[22] L.IV. T. IX. Ley II.

[23] Partidas VII, T.XXI, L. II.

[24] Partidas VII, L.I, T. IX.

[25] TOMÁS Y VALIENTE, Francisco, Sexo barroco y otras transgresiones premodernas, Alianza Editorial, Madrid, 1990, pág. 39.

[26] BOIX REIG, Javier, El delito de estupro fraudulento, Publicaciones del Instituto de Criminología de Madrid, Madrid, 1979, pág. 70

[27] ARIÉS Philippe, El niño y la vida familiar en el Antiguo Régimen, Editorial Taurus, Madrid, 1988, pág. 103; “la utilización sexual de los niños después del siglo XVIII estuvo mucho más generalizada entre los criados y otros adultos y adolescentes que entre los padres, aunque, teniendo en cuenta que eran muchos los padres que seguían dejando que sus hijos durmieran con los criados después de haber sorprendido a otros criados anteriores abusando de ellos. Es evidente que las condiciones para que se dieran esos abusos permanecían bajo el control de los padres”. DEMAUSE, Lloyd, opus.cit., pág. 30.

[28] MANTECÓN MOVELLAN, Tomás Antonio, “Mujeres forzadas y abusos deshonestos en la Castilla Moderna” en Manuscritos 20, Santander, 2002, págs. 157-185.

[29] TOMÁS Y VALIENTE, Francisco, El derecho penal de la monarquía absoluta, Editorial Tecnos, Madrid, 1966, págs. 230-231.

[30] Intento de violación de Ana María Arranz de una niña de siete años en 1787 que fue encausada por la Chancillería de Valladolid, y se archivó por escritura de transacción entre la familia de la víctima y el acusado. ORTEGA LÓPEZ, Margarita, “Protestas de las mujeres castellanas contra el orden patriarcal privado durante el siglo XVIII” en Cuadernos de Historia Moderna número 19, Universidad Complutense, Madrid, 1997 págs. 86-87.

[31] BARTOLOME MARTINEZ, Bernabé, “La crianza y educación de los expósitos entre la Ilustración y el Romanticismo en (1790-1835)” en Historia de la Educación: Revista Interunivesitaria número 10, Salamanca, 1991, vol. 10, págs. 34-35.

[32] ALBÓ MARTÍ, Ramón, “La prostitución de los niños”, ProInfantia, número 155, Madrid, 1924, pág. 438.

[33]   DE MAUSE, Lloyd, opus. cit., pág. 14.

[34]   MARY EBERSTADT es una investigadora norteamericana del Ethics and Public Policy Center de Washington, que fue colaboradora del Departamento de Estado y de Naciones Unidas, y que, a su vez, en colaboradora habitual de medios informativos, como The Washington Post, Los Ángeles Times, National Review, The Weekly Standard y la revista First Things. 

[35] EBERSTADT, Mary, “How pedophilia lost its cool”, Revista First Things, https:// www.firstthings.com/article/2009/12/how-pedophilia-lost-its-cool. (Citada por JAVIER ELZO IMAZ en su estudio “Del padre rey, al rey niño”, en Deusto Journal of Human Rights (Revista Deusto de Derechos Humanos), número 4, págs. 203-225, en particular págs. 205-206. http://dx.doi.org/10.18543/djhr-4-2019pp203-225).

[36] Roman Polanski, nacido en París en 1933 con el nombre de Raymond Roman Thierry Liebling, en el seno de un matrimonio de emigrantes judíos polacos, fue director de cine, productor, guionista y actos, convirtiéndose en un reconocido cineasta en la segunda mitad del siglo XX.

En 1977, a los 43 años, el director se vio involucrado en un escándalo por abusos sexuales sobre una menor, Samantha Gailey (posteriormente Samantha Geimer), de 13 años de edad. Según Gailey, Polanski la llevó a la casa del actor Jack Nicholson en Mulholland Drive con el pretexto de fotografiarla para la revista Vogue; pero una vez allí, tras aplicarle un sedante hipnótico, la violó.

Polanski fue acusado de abuso sexual a una menor, consumo de drogas, perversión y sodomía, así como por administración de estupefacientes a una menor de trece años. Tras negociar un acuerdo con la Fiscalía, casi todos los cargos fueron desestimados a cambio de que se declarara culpable de tener relaciones sexuales ilícitas con una menor. Polanski fue condenado en primer lugar a un periodo de reclusión de noventa días en una prisión estatal para realizarle una evaluación psiquiátrica con el fin de decidir su condena final, pero le dieron un permiso de otros 90 días para terminar su proyecto pendiente. De acuerdo con los términos de la sentencia, se le dio permiso para viajar al extranjero. Polanski volvió a California y se sometió a la evaluación en la Prisión Estatal de Chino, siendo puesto en libertad tras cuarenta y dos días. El 1 de febrero de 1978 Polanski voló a Londres, donde tenía una residencia. Al día siguiente viajó a Francia, país en el que tenía y sigue teniendo la nacionalidad, evitando así el riesgo de ser extraditado a los Estados Unidos por el Reino Unido. Desde entonces ha vivido en Francia y Polonia y ha evitado volver a los Estados Unidos o visitar países desde los cuales podría ser eventualmente extraditado, como sería el caso del Reino Unido.

El 26 de septiembre de 2009, Polanski fue arrestado en el aeropuerto de Zúrich por las autoridades del país helvético, a petición de Estados Unidos por el caso abierto del año 1978. El 12 de julio del año siguiente, la ministra de Justicia de Suiza, Eveline Widmer-Schlumpf, anunció que Suiza no extraditaría a Polanski, por considerar que las autoridades estadounidenses no habían probado que el cineasta no hubiera cumplido ya la totalidad de la condena impuesta en su día al pasar cuarenta y dos  días en una institución psiquiátrica. Esta decisión puso fin al arresto domiciliario que sufría el cineasta.

Después de varios intentos de Estados Unidos por extraditar a Polanski, el 6 de diciembre de 2016 el Tribunal Supremo de Polonia rechazó la reapertura del caso.

[37] RIND, B., TROMOVITCH, P. y BAUSERMAN, R., “A meta-analytic examination of assumed properties of child sexual abuse using college samples”, Psychological Bulletin American Psychological Association, 124(1), 1998, págs. 22-53.

[38] BENEDICTO XVI. 2019. “La Iglesia y el escándalo del abuso sexual”. ACI prensa ofrece una traducción al castellano del documento. https://www.aciprensa.com/noticias/el-diagnostico-de-benedicto-xvi-sobre-la-iglesia-y-los-abusos-sexuales-35201. El texto fue supuestamente filtrado al diario New York Post el 10 de abril de 2019.

[39] ROUCO VARELA, Cardenal Antonio María, “Joseph Ratzinger/Benedicto XVI y el diagnóstico de nuestro tiempo. Una aproximación teológico-jurídica”. Ponencia impartida en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas por el Académico de Número Emmo. y Rvdmo. Sr. Cardenal Antonio M.ª Rouco Varela. Sesión del día 20 de abril de 2021, pág. 365.

[40] Sobre esta materia cabe citar las obras de PIERRE VERDRAGER, L’enfant interdit: Comment la pédophilie est devenue scandaleuse (El niño prohibido: Como la pedofilia se volvió escandalosa) (2013), y de ANNE-CLAUDEAMBROISE-RENDU, Histoire de la pédophilie: XIXe-XXIe siècles (Historia de la pedofilia: siglos XIX-XXI) (2014). (Citados por JAVIER ELZO IMAZ en su estudio “Del padre rey, al rey niño”, en Deusto Journal of Human Rights (Revista Deusto de Derechos Humanos), número 4, págs. 203-225. http://dx.doi.org/10.18543/djhr-4-2019pp203-225).

[41] ROUCO VARELA, Cardenal Antonio María, opus. cit., págs. 361 y 364.

[42] PIERRE VERDRAGER, L’enfant interdit: Comment la pédophilie est devenue scandaleuse (El niño prohibido: Como la pedofilia se volvió escandalosa) (2013).

[43] VERDRAGER, opus. cit. pág. 49.

[44] La expresión “la muerte de la familia” constituye el título de un conocido ensayo de DAVID COOPER editado en España (vid. COOPER, DAVID, La muerte de la familia. Editorial Planeta de Agostini, Barcelona, 1986, David. 1986).

[45] DUVERT, TONY, Le Bon sexe illustré. Éditions de MinuiParis, 1974.

[46] VERDRAGER, opus. cit. págs. 53-54.

[47] SCHÉRER, RENÉ, “René Schérer, philosophe inculpé” (“René Schérer, filósodo encausado”), Gai Pied Hebdo, 45, 1982, 27 noviembre – 3 diciembre.

[48] VERDRAGER, opus. cit. págs. 53-54.

[49] ELZO IMAZ, Javier, “Del padre rey, al rey niño”, en Deusto Journal of Human Rights (Revista Deusto de Derechos Humanos), número 4, págs. 220-221.

[50] ELZO IMAZ, Javier, opus. cit., págs. 221-222.

[51] La historia de la Declaración de Ginebra se sitúa en la primera postguerra mundial, cuando Eglantyne Jebb, marcada por las secuelas de la Primera Guerra Mundial, advirtió la necesidad de dispensar una protección especial para los niños. Con la ayuda de su hermana, Dorothy Buxton, fundó en Londrés en 1919, Save the Children Fund, para ayudar y proteger a los niños afectados por la Gran Guerra de Europa. Ya en 1920, Save the Children Fund, se integró en la Union Internationale de Secours aux Enfants (UISE), con el apoyo del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

El 23 de febrero de 1923, la Alianza Internacional Save the Chidren adoptó en su IV Congreso General, la primera Declaración de los Derechos del Niño, que luego fue ratificada por el V Congreso General el 28 de febrero de 1924, y que, previamente, había sido remitida por Eglantyne Jebb a la Sociedad de Naciones convencida de la necesidad de que los derechos del niño debían tener un reconocimiento general.

El 26 de diciembre de 1924, la Sociedad de Naciones adoptó esta declaración como la “Declaración de Ginebra de los Derechos del Niño”.

[52] VERDRAGER, opus. cit. pág. 151.

[53] FUNDACIÓN ANAR, Informe “Abuso Sexual en la Infancia y la Adolescencia según los

 Afectados y su Evolución en España (2008-2019)”, Fundación Edelvives, Madrid, 2020, pág. 10 y,

en parecidos términos,  “PEREDA, Noemi; ABAD, Noemí; GUILERA, Georgina; y ARCH, Mila,

Informe “Victimización sexual autorreportada en adolescentes españoles comunitarios y en

colectivos de riesgo”, Gaceta Sanitaria, volumen número 29, Barcelona, septiembre/octubre 2015,

pág. 1. Disponible en https://dx.doi.org/10.1016/j.gaceta.2015.05.003.

[54] Consultado por última vez el 26 de marzo de 2023:

[55] Consultado por última vez el 26 de marzo de 2023:

-adolescencia-240221-1.pdf

[56] Consultados por última vez el 26 de marzo de 2023:

https://www.savethechildren.es/sites/default/files/2021-11/Los_abusos_sexuales_hacia_la _infancia_en_ ESP.pdf

[57] Fuente https://www.fiscal.es/-/las-fiscal%C3%ADas-territoriales-comunican-los-procedimientos-abiertos-por-abusos-sexuales-a-menores-en-instituciones-religiosas. Fecha de consulta: 25 de marzo de 2023.

58 Ibidem, pág. 17.

[59] Ibidem, pág. 20.

[60] Ibidem, pág. 26.

[61] Ibidem, pág. 28.

[62] Ibidem, pág. 75.

[63] Ibidem, pág. 78.

[64] Ibidem, pág. 42.

[65] Ibidem, pág. 43.

[66] Ibidem, págs. 101-102.

[67] Save the Children España (2021): “Los abusos sexuales hacia la infancia en España”. Principales características, incidencia, análisis de los fallos del sistema y propuesta para la especialización de los Juzgados y la Fiscalía. Web: savethechildren.es.

[68] Análisis previo del periodo 2019-2020 realizado por la Clínica Jurídica de la Facultad de Derecho de la Universidad de Valencia.

[69] Save the Children España (2017). “Ojos que no quieren ver: Los abusos sexuales a niños y niñas en España y los fallos del sistema”.

[70] El Informe aprecia que el aumento de la edad puede estar relacionada con el aumento de la edad del consentimiento sexual de los 13 a los 16 años aprobada por la reforma del Código Penal acometida en 2015.

[71]LÓPEZ SÁNCHEZ, Félix, Los abusos sexuales de menores. Lo que recuerdan de mayores. Ministerio de Asuntos Sociales, Madrid, 1994, pág. 196; y “Abuso sexual: un problema desconocido”, 1997, págs. 161-167. Citado por VARONA MARTÍNEZ, Gema y MARTÍNEZ, Aitor, opus cit., pág. 16.

[72] PEREDA, Noemi; ABAD, Noemí; GUILERA, Georgina; y ARCH, Mila, “Victimización sexual

autorreportada en adolescentes españoles comunitarios y en colectivos de riesgo”, Gaceta

Sanitaria, volumen número 29, Barcelona, septiembre/octubre 2015. Disponible en

[73] VARONA MARTÍNEZ, Gema y MARTÍNEZ, Aitor, “Estudio exploratorio sobre los abusos sexuales en la Iglesia español y otros contextos institucionales: Marco teórico y metodológico de una investigación victimológica abierta”, en Cuaderno del Instituto Vasco de Criminología San Sebastián, número 29, 2015, págs. 7-76.

[74] Gema Varona Martínez es Doctora en Derecho e Investigadora Permanente del Instituto de Criminología de la Universidad del País Vasco.

[75] VARONA MARTÍNEZ, Gema y MARTÍNEZ, Aitor, opus cit., pág. 15.

[76] VARONA MARTÍNEZ, Gema y MARTÍNEZ, Aitor, opus. cit., págs. 24-26.

Nota: El informe Para dar luz es un informe vivo.
Elaborado por la Conferencia Episcopal Española, este informe se actualiza constantemente en sus contenidos, con la incorporación de nuevos datos, protocolos, textos y aportaciones de otras instituciones eclesiales. (Última revisión, 19 de diciembre de 2023).

Capítulo 1 : El contexto general de los abusos sexuales en el seno de la sociedad

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